""

Hipertensión pulmonar

¿Qué es la hipertensión pulmonar?

La hipertensión pulmonar es una afección de los vasos sanguíneos de los pulmones que se produce cuando la presión arterial pulmonar es más alta de lo normal. Aproximadamente el 1 % de la población mundial vive con esta afección.

La hipertensión pulmonar hace que el corazón trabaje más de lo habitual para bombear sangre a los pulmones. Este esfuerzo adicional puede dañar el corazón y causar síntomas como dificultad para respirar, dolor en el pecho y mareos.

Tipos de hipertensión pulmonar

La hipertensión pulmonar puede desarrollarse por sí sola o estar causada por otra enfermedad o afección. En Estados Unidos, el tipo más frecuente de hipertensión pulmonar se debe a una cardiopatía del lado izquierdo, como la insuficiencia cardíaca izquierda.

Hay cinco grupos diferentes de hipertensión pulmonar:

  • Hipertensión arterial pulmonar (HAP)
  • Hipertensión pulmonar debida a cardiopatía izquierda
  • Hipertensión pulmonar debida a enfermedad pulmonar y/o hipoxia
  • Hipertensión pulmonar debida a obstrucciones de la arteria pulmonar, incluida la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC).
  • Hipertensión pulmonar de causa desconocida y/o múltiple

Causas de la hipertensión pulmonar

La causa de la hipertensión pulmonar no siempre es clara. Cuando el corazón late, bombea sangre a todo el cuerpo para que los tejidos reciban el oxígeno que necesitan para funcionar correctamente. Una vez que los tejidos han utilizado ese oxígeno, la sangre pobre en oxígeno regresa al lado derecho del corazón, que la impulsa a través de las arterias pulmonares hacia los pulmones, donde vuelve a oxigenarse. La presión pulmonar es la fuerza con la que la sangre empuja contra las paredes de las arterias pulmonares.

Cuando esta presión es demasiado alta, las arterias pulmonares se estrechan o se obstruyen. Las arterias obstruidas provocan una restricción del flujo sanguíneo, por lo que el corazón tiene que esforzarse más para mantener el flujo sanguíneo hacia los pulmones. Con el tiempo, esto puede dañar al corazón y a los pulmones.

Ciertas afecciones médicas pueden dañar, alterar u obstruir los vasos sanguíneos de las arterias pulmonares, lo que provoca hipertensión pulmonar. Los siguientes son ejemplos de dichas afecciones médicas:

  • Las cardiopatías del lado izquierdo, como la insuficiencia cardíaca del lado izquierdo, posiblemente causadas por hipertensión en todo el cuerpo o cardiopatía coronaria
  • Otras enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos, como los defectos cardíacos congénitos (hereditarios)
  • Las enfermedades pulmonares como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la enfermedad pulmonar intersticial, el enfisema o la apnea del sueño
  • Otras afecciones médicas como la enfermedad hepática, la enfermedad de la anemia falciforme, los coágulos en los pulmones o los trastornos del tejido conectivo como la esclerodermia

Factores de riesgo de la hipertensión pulmonar

Hay varios factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar hipertensión pulmonar. Aunque puede presentarse a cualquier edad, el riesgo tiende a incrementar con el paso del tiempo, y suele diagnosticarse entre los 30 y los 60 años. El riesgo también puede aumentar en personas que han estado expuestas al asbesto o a ciertas infecciones parasitarias. Además, ciertos trastornos genéticos, como el síndrome de Down, las cardiopatías congénitas y la enfermedad de Gaucher, pueden predisponer al desarrollo de hipertensión pulmonar. Asimismo, los antecedentes familiares de coágulos sanguíneos incrementan la probabilidad de sufrir trombosis, lo que a su vez puede contribuir al desarrollo de esta afección.

El tabaquismo, el consumo de drogas y otros hábitos poco saludables pueden aumentar el riesgo de desarrollar hipertensión pulmonar. Algunos medicamentos recetados para tratar el cáncer y la depresión también pueden aumentar el riesgo. Además, la hipertensión pulmonar es más común en mujeres que en hombres.

Prevención de la hipertensión pulmonar

Prevenir la hipertensión pulmonar no siempre es posible, ya que su causa puede ser desconocida. Sin embargo, si presenta factores de riesgo conocidos o tiene alguna afección médica que aumente la probabilidad de desarrollarla, su médico puede recomendarle pruebas de detección preventivas. Además, puede sugerirle estrategias de prevención para ayudarlo a reducir el riesgo, como controlar otras enfermedades relacionadas o realizar cambios en el estilo de vida. Hable con su médico sobre sus factores de riesgo y cualquier inquietud que tenga para obtener más información.

Detección de la hipertensión pulmonar

Su médico le realizará un reconocimiento físico para detectar signos que puedan ayudar a diagnosticar la afección. Como parte de esta evaluación, podría realizarle los siguientes procedimientos de detección:

  • Comprobar sus niveles de oxígeno en sangre mediante una oximetría de pulso, un procedimiento no invasivo que mide los niveles de oxígeno a través de un sensor en el dedo.
  • Palpar su hígado para ver si está más grande de lo normal.
  • Auscultar el corazón para detectar cualquier cambio en su sonido y para determinar si su ritmo cardiaco es más rápido de lo habitual o irregular, o si ha desarrollado un nuevo soplo cardíaco.
  • Auscultar los pulmones para detectar sonidos que puedan indicar insuficiencia cardíaca o enfermedad pulmonar intersticial.
  • Examinar las venas del cuello para ver si son más grandes de lo habitual.
  • Mirar si hay hinchazón en el abdomen y las piernas que pueda ser resultado de la acumulación de líquido.
  • Medir su presión arterial

Signos y síntomas de la hipertensión pulmonar

A veces los síntomas de la hipertensión pulmonar son difíciles de reconocer. Además, como son similares a los de otras afecciones médicas, una persona puede presentar síntomas durante años sin recibir el diagnóstico de hipertensión pulmonar.

Los síntomas pueden empeorar con el tiempo. Por ejemplo, en las primeras etapas de esta afección, es posible que solo presente dificultad para respirar al hacer ejercicio. A medida que la enfermedad progresa, la dificultad para respirar se presentará con mayor frecuencia.

Algunos síntomas de la hipertensión pulmonar son:

  • Dolor en el pecho
  • Tos seca o con sangre
  • Dificultad para respirar
  • Mareos que pueden provocar desmayos
  • Náuseas y vómitos
  • Ronquera
  • Fatiga
  • Hinchazón del abdomen, las piernas o los pies
  • Debilidad
  • Silbido o sibilancia al exhalar

Diagnóstico de la hipertensión pulmonar

Su médico revisará su historial médico y realizará un reconocimiento físico para diagnosticar la hipertensión pulmonar. Según sus síntomas y factores de riesgo, podría remitirlo a un neumólogo (especialista en enfermedades pulmonares) o a un cardiólogo (especialista en enfermedades cardíacas y vasculares). El diagnóstico se confirma cuando las pruebas muestran una presión más alta de lo normal en las arterias de los pulmones, específicamente en las arterias pulmonares.

Su médico podría preguntarle sobre los síntomas que ha estado experimentando y sobre posibles factores de riesgo, como otras afecciones que tenga. Además, puede solicitarle pruebas diagnósticas para confirmar la presencia de hipertensión pulmonar, como un cateterismo cardíaco y una ecocardiografía.

Las siguientes son otras pruebas que podrían realizarle:

  • Análisis de sangre para detectar coágulos, estrés en el corazón o anemia
  • Pruebas de diagnóstico por imágenes del corazón, como una resonancia magnética (RM) cardíaca, para obtener imágenes detalladas de la estructura y la función del corazón, y de los vasos sanguíneos circundantes
  • Pruebas de diagnóstico por imágenes de los pulmones, como radiografías de tórax, para examinar el tamaño y la forma del corazón y los vasos sanguíneos circundantes, incluidas las arterias pulmonares
  • Un electrocardiograma (ECG o EKG) para detectar cambios en la actividad eléctrica del corazón. Esto puede ayudar a saber si ciertas partes de este órgano están dañadas o sobrecargadas. En la hipertensión pulmonar, el corazón puede sobrecargarse debido a daños o cambios en las arterias pulmonares.

Tratamiento de la hipertensión pulmonar

Si le diagnostican hipertensión pulmonar, su médico elaborará un plan de tratamiento en función de la causa subyacente, si esta se conoce. Aunque no existe una cura para la hipertensión pulmonar, hay formas de controlar la enfermedad y evitar que los síntomas empeoren. Su médico le recomendará las opciones terapéuticas más adecuadas para su situación y necesidades específicas.

Dependiendo de la causa de su hipertensión pulmonar, su doctor podría:

  • Recomendarle cambios saludables en su estilo de vida, como seguir una dieta cardiosaludable que limite el consumo de sal para disminuir la presión arterial y los niveles de colesterol, especialmente si estos factores contribuyen a la causa de su hipertensión pulmonar. Además, consumir menos sal favorece el equilibrio de líquidos en el cuerpo y mejora la función cardíaca en general.
  • Sugerirle hacer actividad física supervisada a través de un programa de ejercicios, como rehabilitación pulmonar.

    Su médico también podría recetarle medicamentos para tratar la hipertensión pulmonar. Los más comunes son:

  • Anticoagulantes para prevenir los coágulos en personas con hipertensión pulmonar causada por coágulos crónicos en los pulmones. Estos anticoagulantes también pueden ayudar a algunas personas con hipertensión arterial pulmonar, insuficiencia cardíaca u otros factores de riesgo de coágulos.
  • Digitalis o digoxina para controlar el ritmo al que se bombea la sangre por el cuerpo.
  • Terapia vasodilatadora para relajar los vasos sanguíneos y disminuir la presión arterial en las arterias pulmonares, que son las más afectadas en personas con hipertensión arterial pulmonar. Esta terapia consiste en bloqueadores de los canales de calcio, como el nifedipino y el diltiazem, así como de grupos de medicamentos más nuevos, como los antagonistas de los receptores de endotelina y los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5.

Su equipo de atención médica puede recomendar procedimientos, cirugía u otras terapias para tratar la hipertensión pulmonar, por ejemplo:

  • Oxigenoterapia en casos en los que los niveles de oxígeno en sangre sean demasiado bajos.
  • Septostomía auricular con balón para disminuir la presión en las cavidades cardíacas derechas y mejorar el flujo sanguíneo del lado izquierdo del corazón y la oxigenación. En este procedimiento, se crea un pequeño orificio en la pared entre las aurículas para permitir el flujo sanguíneo de la aurícula derecha a la izquierda.
  • Angioplastia pulmonar con balón para reducir la presión arterial en la arteria pulmonar y mejorar la función cardíaca en personas que no son candidatas a una endarterectomía pulmonar.
  • Endarterectomía pulmonar para eliminar coágulos del interior de los vasos sanguíneos de los pulmones

Su médico podría recomendarle medicamentos o procedimientos para tratar la causa subyacente de la hipertensión pulmonar. Entre ellos se encuentran los fármacos para controlar la presión arterial, como inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA), betabloqueantes o bloqueadores de los canales de calcio, especialmente cuando la afección está relacionada con una cardiopatía izquierda. En algunos casos, el tratamiento puede constar de transfusiones de sangre, hidroxiurea para manejar la anemia falciforme o reparación de válvulas cardíacas. También pueden recetarse suplementos de hierro para aumentar los niveles de este mineral en sangre y ayudar a aliviar la anemia.

Vivir con hipertensión pulmonar

Después de recibir un diagnóstico de hipertensión pulmonar, es fundamental seguir el plan de tratamiento indicado, acudir a controles médicos regulares y aprender a monitorear la afección. Estas medidas pueden ayudar a ralentizar la progresión de la enfermedad y a mejorar su estado. El plan de tratamiento específico variará según la causa subyacente de la hipertensión pulmonar y qué tan avanzada esté.

La hipertensión pulmonar puede empeorar con el tiempo y provocar problemas graves, entre ellos:

  • Anemia (puede provocar que su cuerpo no reciba suficiente sangre rica en oxígeno)
  • Arritmias o problemas con la velocidad de los latidos del corazón
  • Sangrado en los pulmones
  • Coágulos de sangre en las arterias pulmonares
  • Insuficiencia cardiaca
  • Daño hepático
  • Derrame pericárdico, que es una acumulación de líquido alrededor del corazón.
  • Complicaciones del embarazo, que pueden poner en peligro la vida de la madre y del bebé.