""

Ptosis (blefaroptosis)

Montefiore Einstein ofrece el siguiente contenido por cortesía de la Biblioteca Nacional de Medicina.

¿Qué es la ptosis (blefaroptosis)?

La ptosis, también llamada blefaroptosis, es una afección en la que el párpado superior se cae, cubriendo parcialmente el ojo. El término proviene de las palabras griegas para párpado (blepharon) y caída (ptosis). Puede afectar a uno o ambos ojos, y su gravedad varía desde una caída apenas perceptible hasta un párpado que obstruye completamente la pupila. En la mayoría de los casos, la ptosis es un problema aislado del párpado, pero también puede ser un signo temprano o evidente de una afección neurológica o muscular subyacente; por ello, cualquier caída repentina o reciente del párpado superior siempre debe ser evaluada por un médico.

La ptosis es uno de los trastornos palpebrales más frecuentes tanto en oftalmología como en medicina general. Los estudios sugieren que afecta entre el 4,7 % y el 13,5 % de los adultos, según la población estudiada y el rango de edad. En niños, la ptosis congénita simple —la forma más común presente al nacer— se presenta en aproximadamente 1 de cada 842 nacidos vivos. La ptosis se divide generalmente en dos categorías según el momento de su aparición: ptosis congénita, presente al nacer o poco después, y ptosis adquirida, que se desarrolla más adelante en la vida. La ptosis adquirida es la más común de las dos formas en adultos.

Tipos de ptosis (blefaroptosis)

La ptosis se clasifica primero según el momento de su aparición: congénita (presente al nacer) o adquirida (que se desarrolla más adelante en la vida), y luego según la causa dentro de cada categoría. Identificar el tipo de ptosis determina la urgencia de la evaluación y la elección del tratamiento.

  • Ptosis congénita simple: la forma más común de ptosis en niños, que representa aproximadamente tres cuartas partes de todos los casos infantiles. Se debe a un problema de desarrollo en el músculo elevador del párpado superior, el principal músculo que levanta el párpado superior. En los niños afectados, parte de este músculo es reemplazado por tejido fibroso o graso que no se contrae correctamente. Generalmente afecta un solo ojo, siendo el izquierdo más frecuente que el derecho. Dado que el músculo elevador también es responsable de mantener el párpado abierto al mirar hacia abajo, los niños con ptosis congénita a menudo presentan un párpado que, paradójicamente, se eleva al mirar hacia abajo, una característica que no se observa en la ptosis adquirida.
  • Síndrome de blefarofimosis-ptosis-epicanto inverso (BPES): síndrome hereditario causado por una mutación en el gen FOXL2, que se transmite de forma autosómica dominante (una sola copia del gen anómalo es suficiente para causar la afección). Además de párpados superiores caídos, las personas afectadas presentan aberturas palpebrales estrechas, pliegues de piel que se extienden desde el párpado inferior hacia el ángulo interno de cada ojo (epicanto inverso) y ángulos internos de los párpados muy separados (telecanto). En algunas familias, el síndrome también se asocia con insuficiencia ovárica prematura en mujeres.
  • Síndrome de Marcus Gunn (síndrome de guiño mandibular): una forma de ptosis congénita en la que el párpado caído se eleva involuntariamente al mover la mandíbula, por ejemplo, al masticar, succionar o abrir la boca ampliamente. Esta conexión inusual se produce debido a una vía nerviosa anómala que une el músculo que controla el párpado con una rama del nervio que controla el movimiento de la mandíbula. El movimiento de guiño puede resultar sorprendente y socialmente perceptible, especialmente en bebés durante la alimentación.
  • Síndrome de Horner congénito: causado por la interrupción de la vía nerviosa simpática que inerva el párpado. La tríada clásica de signos incluye párpado superior caído, pupila más pequeña de lo normal en el mismo ojo y disminución de la sudoración en ese lado de la cara. En niños con síndrome de Horner congénito, el iris del ojo afectado puede ser de un color diferente al del otro ojo, un hallazgo denominado heterocromía del iris.
  • Ptosis aponeurótica (ptosis involutiva): el tipo más común de ptosis adquirida. La aponeurosis del elevador del párpado —una fina lámina de tejido similar a un tendón que conecta el músculo elevador con el párpado— se estira, se adelgaza o se desprende del párpado con la edad. Esta es la forma de ptosis que se desarrolla gradualmente a lo largo de los años en adultos mayores. También puede ser causada o empeorada por el uso prolongado de lentes de contacto, frotarse los párpados y cirugías oculares previas.
  • Ptosis neurogénica: causada por daño o enfermedad de los nervios que controlan la elevación del párpado. Las dos causas más importantes son la parálisis del tercer nervio craneal (nervio oculomotor) y el síndrome de Horner. La parálisis del tercer nervio craneal provoca ptosis junto con otros signos, como una pupila grande o poco reactiva y dificultad para mover el ojo; esta combinación puede indicar un aneurisma potencialmente mortal y requiere una evaluación urgente. El síndrome de Horner provoca una ptosis más leve junto con una pupila pequeña en el mismo lado y puede ser consecuencia de un tumor, un accidente cerebrovascular u otra lesión a lo largo de la vía del nervio simpático.
  • Ptosis miogénica: causada por una enfermedad o debilidad de los propios músculos. La miastenia gravis es la causa más importante: una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca las conexiones entre los nervios y los músculos, provocando debilidad variable, a menudo relacionada con la fatiga. La ptosis en la miastenia gravis suele fluctuar, empeora con frecuencia al final del día y puede cambiar de un ojo a otro. Otras causas miogénicas incluyen las distrofias musculares y los trastornos mitocondriales que afectan a los músculos oculares (oftalmoplejía externa progresiva crónica - CPEO).
  • Ptosis mecánica: El párpado se ve afectado por un crecimiento, hinchazón o cicatrización. Las causas incluyen tumores palpebrales, chalaziones grandes (quistes obstruidos de las glándulas de Meibomio), hinchazón severa del párpado o cicatrices por inflamación o lesión previa.
  • Ptosis traumática: Se desarrolla después de una lesión en el párpado, incluyendo cortes, traumatismos contusos o daños durante una cirugía de párpado u órbita.

Causas de la ptosis (blefaroptosis)

La ptosis se desarrolla cuando se alteran los mecanismos normales que mantienen el párpado superior elevado. El músculo elevador del párpado superior, controlado por el nervio oculomotor (nervio craneal III), es el principal responsable de la elevación del párpado superior. Un músculo más pequeño, el músculo de Müller, proporciona una elevación adicional y está controlado por el sistema nervioso simpático. Cuando alguno de estos músculos, sus tendones o los nervios que los inervan se debilitan o dañan, el párpado se cae. La causa subyacente determina tanto el estudio diagnóstico adecuado como el mejor tratamiento.

La causa más común en adultos es la aponeurosis: el tejido tendinoso que conecta el músculo elevador del párpado con el párpado se estira y se adelgaza con la edad, reduciendo gradualmente la capacidad del músculo para levantar el párpado con eficacia. En niños, la causa más común es un desarrollo inadecuado del músculo elevador antes del nacimiento. Otras causas importantes incluyen:

  • Envejecimiento y estiramiento de la aponeurosis del elevador del párpado: El tejido conectivo del párpado se debilita progresivamente a lo largo de las décadas, lo que provoca la caída gradual más común en adultos mayores de 50 años.
  • Uso de lentes de contacto: El uso prolongado de lentes de contacto duras o rígidas, así como la inserción y extracción repetidas de cualquier lente de contacto, pueden estirar y adelgazar la aponeurosis del elevador con el paso de los años, causando o empeorando la ptosis.
  • Afecciones neurológicas: Estas pueden incluir daños en el nervio oculomotor (nervio craneal III) debido a un aneurisma, un tumor o isquemia (pérdida de suministro de sangre); la interrupción de la vía nerviosa simpática por el síndrome de Horner o la insuficiencia de la unión neuromuscular por miastenia gravis pueden causar ptosis.
  • Enfermedad autoinmune: La miastenia gravis, en la que el sistema inmunitario bloquea los receptores en la unión nervio-músculo, provoca una ptosis fluctuante, a menudo asimétrica, que empeora con la fatiga.
  • Trastornos musculares hereditarios y del desarrollo: Las distrofias musculares, las miopatías mitocondriales (como la oftalmoplejía externa progresiva crónica) y la fibrosis congénita de los músculos extraoculares afectan la función del músculo elevador desde el nacimiento o la primera infancia.
  • Traumatismos y cicatrices en el párpado: Las lesiones en el párpado, las cirugías previas o las cicatrices causadas por infecciones o inflamación pueden alterar físicamente el músculo elevador o sus conexiones.
  • Causas mecánicas: Los tumores, quistes o la inflamación severa de los párpados pueden ejercer una presión física que hace que el músculo no pueda levantarlos.
  • Efectos secundarios de los medicamentos: Ciertos medicamentos, incluidos algunos utilizados para tratar afecciones psiquiátricas y algunas gotas oftálmicas tópicas, se han asociado con cambios en los párpados, incluida la ptosis.

Factores de riesgo de ptosis (blefaroptosis)

La ptosis puede desarrollarse en personas de cualquier edad, sexo o procedencia. Sin embargo, ciertos factores se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar esta afección.

  • Edad avanzada: La ptosis aponeurótica está fuertemente relacionada con la edad. El debilitamiento gradual del tendón elevador es uno de los cambios palpebrales más comunes asociados al envejecimiento. Su prevalencia aumenta significativamente después de los 50 años.
  • Uso prolongado de lentes de contacto: especialmente con lentes rígidas o duras. El estrés mecánico de la inserción y extracción diarias durante muchos años es un factor de riesgo reconocido para la ptosis aponeurótica en adultos sanos.
  • Cirugía previa de párpados u ojos: Las operaciones en el párpado, la órbita ocular o el segmento anterior del ojo (como la cirugía de cataratas) pueden estirar, adelgazar o dañar directamente la aponeurosis del músculo elevador.
  • Antecedentes familiares de ptosis: La ptosis congénita puede ser hereditaria, al igual que el síndrome de blefaroespasmo papilar pélvico (BPES) y otras afecciones musculares y neurológicas hereditarias asociadas con la caída del párpado.
  • Enfermedad autoinmune: Padecer miastenia gravis o una enfermedad autoinmune sistémica aumenta el riesgo de ptosis neurogénica o miogénica.
  • Afecciones neurológicas: Los antecedentes de aneurisma, accidente cerebrovascular, tumor cerebral, diabetes (que puede causar daño nervioso) o síndrome de Horner aumentan el riesgo de ptosis neurogénica.
  • Trastornos musculares: Las afecciones hereditarias, como la distrofia muscular y la miopatía mitocondrial, afectan al músculo elevador del párpado y se asocian con ptosis, a menudo junto con debilidad en otros movimientos oculares.
  • Frotamiento crónico de los párpados: El frotamiento habitual de los párpados puede estirar y debilitar la aponeurosis del músculo elevador con el tiempo.

Detección y prevención de la ptosis (blefaroptosis)

No existe un programa de detección sistemática de ptosis palpebral a nivel poblacional. En bebés y niños pequeños, la ptosis congénita suele ser identificada por el pediatra durante los exámenes neonatales o de rutina, o por los padres que notan la caída del párpado en casa. Dado que la ptosis congénita puede interferir con el desarrollo visual normal, es importante que los padres informen de inmediato a un pediatra u oftalmólogo pediátrico sobre cualquier sospecha de caída del párpado; la evaluación temprana es fundamental para prevenir la ambliopía (ojo vago) en el ojo afectado. En niños mayores y adultos, la ptosis se identifica con mayor frecuencia durante un examen ocular de rutina o cuando la persona busca atención médica por la caída del párpado.

La caída repentina del párpado superior en un adulto, especialmente si se acompaña de visión doble, pupila dilatada o anormalmente pequeña, parálisis facial, dificultad para tragar u otros síntomas neurológicos, debe ser evaluada como una urgencia, ya que podría indicar un aneurisma cerebral, un accidente cerebrovascular u otra afección grave. No espere a una cita programada si la caída del párpado aparece repentinamente junto con alguno de estos síntomas.

La mayoría de las formas de ptosis no se pueden prevenir por completo, ya que las causas más comunes —el envejecimiento y los factores genéticos— no son modificables. Sin embargo, algunas medidas prácticas pueden reducir la velocidad a la que se desarrolla la ptosis aponeurótica en adultos:

  • Evite frotarse los ojos de forma prolongada o excesiva: frotarse los ojos habitualmente estira y debilita la aponeurosis del músculo elevador del párpado. Tratar la causa subyacente de la necesidad de frotarse los ojos (como alergias o sequedad ocular) reduce este riesgo.
  • Consulte con su oftalmólogo sobre las opciones de lentes de contacto: si usa lentes de contacto desde hace tiempo y desarrolla ptosis temprana, su médico puede aconsejarle si cambiar el tipo de lente o modificar su horario de uso puede ayudar a retrasar la progresión.
  • Proteja sus párpados de traumatismos: El uso de protección ocular adecuada durante la práctica de deportes, la construcción y otras actividades de alto riesgo previene la ptosis traumática causada por lesiones.
  • Busque asesoramiento genético para síndromes hereditarios: Las familias con antecedentes de BPES u otras formas hereditarias de ptosis pueden beneficiarse del asesoramiento genético para comprender los patrones de herencia y las implicaciones para otros miembros de la familia.

Signos y síntomas de la ptosis (blefaroptosis)

El signo característico de la ptosis es la caída del párpado superior, que cubre parcialmente el ojo. En casos leves, la caída puede ser sutil (unos pocos milímetros) y solo perceptible en fotografías o por otras personas. En casos más graves, el párpado puede cubrir completamente la pupila, obstruyendo la visión. El grado de caída, el ojo afectado, si la afección fluctúa y otros signos presentes son pistas que ayudan a los médicos a identificar la causa subyacente.

Los signos y síntomas de la ptosis incluyen:

  • Párpado superior caído: El párpado se ve más bajo de lo normal en uno o ambos lados. La caída puede ser constante o variar según la fatiga, la hora del día o ciertas actividades.
  • Visión reducida o bloqueada: Cuando el párpado caído cubre la pupila, limita directamente el campo visual. En los niños, incluso una obstrucción parcial puede interferir con el desarrollo visual.
  • Elevación del mentón e inclinación de la cabeza hacia atrás: Para ver debajo del párpado caído, muchas personas inclinan inconscientemente la cabeza hacia atrás o levantan el mentón. Esta postura compensatoria puede provocar dolor de cuello y dolores de cabeza con el tiempo.
  • Elevación de las cejas: Los músculos de la frente se activan para ayudar a levantar el párpado caído, lo que provoca que las cejas se eleven más de lo normal en el lado afectado. Con el tiempo, este esfuerzo constante causa fatiga en la frente y puede generar líneas asimétricas en las cejas.
  • Fatiga y pesadez ocular: El esfuerzo por mantener un párpado caído mediante el uso compensatorio de los músculos provoca cansancio y pesadez alrededor de los ojos.
  • Ojo seco o irritación: Cuando el párpado no se cierra completamente debido a la ptosis, la superficie corneal queda expuesta, lo que provoca sequedad, lagrimeo e irritación.
  • Ambliopía (ojo vago) en niños: En niños con ptosis congénita, un párpado que cubre la pupila durante los años críticos del desarrollo visual impide la estimulación normal de la retina y la vía visual. El cerebro deja de utilizar progresivamente el ojo afectado, lo que provoca una disminución permanente de la visión que no se puede corregir completamente solo con gafas si se retrasa el tratamiento.
  • Caída fluctuante: La ptosis que empeora al final del día, tras leer o usar pantallas durante un tiempo prolongado, o que varía de un día a otro, sugiere miastenia gravis. Esta fluctuación es un rasgo distintivo muy importante.
  • Problemas asociados de movimiento ocular o pupila dilatada: La ptosis junto con la incapacidad para mover el ojo con normalidad, o junto con una pupila dilatada y poco reactiva del mismo lado, constituye una posible emergencia. Esta combinación sugiere una parálisis del tercer nervio craneal, que puede ser causada por un aneurisma cerebral y requiere evaluación inmediata.
  • Una pupila pequeña en el mismo lado de la caída: La ptosis combinada con una pupila más pequeña de lo normal en el mismo lado (sin una pupila grande o una anomalía en el movimiento ocular) es característica del síndrome de Horner y justifica una investigación para determinar las causas a lo largo de la vía del nervio simpático.

Diagnóstico de ptosis (blefaroptosis)

Un oftalmólogo o cirujano oculoplástico (un oftalmólogo especializado en los tejidos que rodean el ojo) evalúa y diagnostica la ptosis. Dado que la ptosis puede ser un signo de una enfermedad neurológica grave, el proceso de diagnóstico va más allá de simplemente medir la caída del párpado; implica identificar la causa subyacente. En niños, la evaluación por un oftalmólogo pediátrico es importante para valorar el riesgo para el desarrollo visual. Se utilizan las siguientes evaluaciones y pruebas:

  • Historia clínica: El médico pregunta cuándo comenzó la caída del párpado, si fue repentina o gradual, si fluctúa o es constante, si hay síntomas asociados (visión doble, cambios en las pupilas, dificultad para tragar, debilidad muscular generalizada) y si hay antecedentes familiares de ptosis o afecciones relacionadas. Esta información suele indicar directamente la causa probable.
  • Revisión de fotografías externas: Las fotografías de los ojos del paciente de épocas anteriores, incluso una foto antigua del carné de conducir o del pasaporte, pueden mostrar cuándo comenzó la caída del párpado y cuánto ha progresado, lo que ayuda a determinar el tipo.
  • Medición de la distancia margen-reflejo 1 (DMR1): El médico ilumina el ojo con una linterna y mide la distancia desde el centro del reflejo pupilar hasta el borde del párpado superior. Una medida normal es de aproximadamente 4 a 5 milímetros. Esta es la principal medida objetiva del grado de ptosis.
  • Prueba de la función del músculo elevador: El médico sujeta la ceja para evitar la compensación muscular de la frente y luego mide el recorrido del párpado superior desde la mirada completamente hacia abajo hasta la mirada completamente hacia arriba. Este movimiento refleja la fuerza y ​​la amplitud del movimiento del músculo elevador y es fundamental para elegir el abordaje quirúrgico adecuado.
  • Examen de las pupilas: Se examinan cuidadosamente ambas pupilas para detectar cualquier diferencia de tamaño (anisocoria) y su reacción a la luz y al enfoque cercano. Una pupila grande y poco reactiva en el lado afectado sugiere una posible parálisis del tercer nervio craneal. Una pupila pequeña en el lado afectado sugiere el síndrome de Horner.
  • Prueba de motilidad ocular: El médico evalúa el movimiento del ojo en todas las direcciones para detectar movimientos oculares limitados o anormales que puedan indicar una enfermedad neurológica o muscular.
  • Prueba del hielo: Se coloca una bolsa de hielo sobre el párpado cerrado durante dos minutos. En la miastenia gravis, el enfriamiento mejora temporalmente la transmisión neuromuscular, y el párpado se eleva notablemente después de la prueba. Una mejoría significativa sugiere fuertemente miastenia gravis.
  • Análisis de sangre: Si se sospecha miastenia gravis, se solicitan análisis de sangre para detectar anticuerpos contra el receptor de acetilcolina y anticuerpos anti-MuSK. En algunos casos, también pueden ser relevantes las pruebas de función tiroidea.
  • Neuroimagen: Cuando se sospecha ptosis neurogénica, especialmente si la presentación clínica podría indicar un aneurisma, un tumor o un accidente cerebrovascular, se realizan tomografías computarizadas (TC) o resonancias magnéticas (RM) urgentes del cerebro y los vasos sanguíneos. La angiotomografía computarizada (angio-TC) o la angiorresonancia magnética (angio-RM) se utilizan para examinar los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro cuando existe la sospecha de un aneurisma.
  • Pruebas farmacológicas para el síndrome de Horner: Se utilizan gotas oftálmicas (apraclonidina o cocaína) para confirmar el síndrome de Horner y ayudar a identificar en qué punto de la vía nerviosa simpática se ha producido la alteración.

Tratamiento de la ptosis (blefaroptosis)

El tratamiento para la ptosis depende del tipo, la causa subyacente y la gravedad con la que la caída afecta la visión, la comodidad y las actividades diarias. No todos los casos de ptosis requieren tratamiento inmediato; la ptosis leve en un adulto que no afecta la visión ni la calidad de vida puede observarse sin riesgo. Sin embargo, la ptosis que causa obstrucción visual, riesgo de ambliopía en un niño, una postura compensatoria significativa de la cabeza o que es causada por una afección grave subyacente requiere intervención oportuna. Su médico le recomendará un enfoque de tratamiento basado en todos estos factores.

Cuando la ptosis es causada por una afección subyacente tratable, abordar dicha afección es la prioridad principal. La miastenia gravis se controla con medicamentos que mejoran la transmisión neuromuscular; la piridostigmina (Mestinon®) es el tratamiento sintomático más utilizado, y para casos más graves se emplean medicamentos inmunosupresores (incluidos esteroides y agentes ahorradores de esteroides) o inmunoglobulina intravenosa. La oftalmopatía tiroidea, cuando contribuye a la ptosis mecánica por inflamación, se trata en coordinación con un endocrinólogo. La ptosis causada por un aneurisma o tumor cerebral requiere tratamiento neurológico y neuroquirúrgico urgente.

Para la mayoría de los pacientes, el tratamiento definitivo para la ptosis es la cirugía. El procedimiento quirúrgico específico depende del grado de ptosis y, sobre todo, de la fuerza del músculo elevador, medida durante la exploración preoperatoria. Cuando la función del elevador es buena o excelente, el cirujano tensa o avanza la aponeurosis del elevador —la estructura tendinosa que conecta el músculo elevador con el párpado— mediante una incisión en el pliegue palpebral. Esto se denomina avance o reparación del elevador y es la operación más común para la ptosis aponeurótica en adultos. Cuando la función del elevador es muy deficiente —como en la ptosis congénita grave, donde el músculo elevador no se desarrolló correctamente—, el párpado se suspende de la ceja mediante una banda hecha con la propia fascia del paciente (un tejido conectivo resistente extraído del muslo, llamado suspensión frontal con fascia lata autóloga) o un material sintético. Esto permite que los músculos de la frente asuman la función de elevación. En niños, el momento de la cirugía de ptosis viene determinado por el riesgo de deterioro del desarrollo visual: si el párpado caído obstruye la pupila o causa astigmatismo significativo, no se debe retrasar la cirugía para evitar la ambliopía. Tras la cirugía, puede ser necesaria la terapia visual (oclusión del ojo con mejor visión) para estimular el ojo amblíope. Existe una opción no quirúrgica para la ptosis adquirida leve: la solución oftálmica de clorhidrato de oximetazolina al 0,1 % (Upneeq®) fue aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) en 2020 como el primer colirio de prescripción para la ptosis adquirida en adultos. Aplicado una vez al día, estimula el músculo de Müller —el músculo palpebral más pequeño controlado por el sistema simpático— para elevar parcialmente el párpado. Proporciona una leve mejoría en la posición del párpado y es útil para pacientes con ptosis leve que prefieren evitar o retrasar la cirugía, o para quienes la cirugía conlleva un mayor riesgo. No trata la causa subyacente y su efecto dura solo mientras el colirio está activo.

Vivir con ptosis (blefaroptosis)

Para la mayoría de los adultos con ptosis aponeurótica, la reparación quirúrgica es sencilla y muy eficaz, logrando la mayoría de los pacientes una posición palpebral simétrica y de aspecto natural, además de la eliminación de cualquier obstrucción visual. La recuperación de la cirugía de párpados suele tardar de una a dos semanas para que desaparezcan la hinchazón y los hematomas iniciales, y la posición final se evalúa entre seis y ocho semanas después de la operación. En niños con ptosis congénita, una cirugía exitosa y la terapia visual necesaria durante los primeros años de vida pueden permitir un desarrollo visual completamente normal y una función visual a largo plazo. Vivir con ptosis mientras se espera tratamiento —o en casos leves que se encuentran en observación— implica adaptaciones prácticas como colocar las pantallas y el material de lectura más abajo para reducir la necesidad de inclinar la cabeza, y usar lágrimas artificiales si la sequedad ocular por cierre incompleto del párpado es un problema. Si usted tiene ptosis causada por una afección sistémica como la miastenia gravis, trabajar en estrecha colaboración con su neurólogo y oftalmólogo le brinda la mejor oportunidad de controlar tanto la enfermedad subyacente como sus efectos en sus ojos. No dude en comunicárselo a su equipo médico si la caída del párpado empeora repentinamente, si aparecen nuevos problemas con los movimientos oculares o cambios en las pupilas, o si la visión se obstruye; estos cambios justifican una reevaluación inmediata.

Para comprender mejor su diagnóstico y contribuir a la investigación de vanguardia, considere participar en un ensayo clínico. De esta manera, médicos y científicos podrán aprender más sobre las causas, los síntomas, el tratamiento y la prevención de la ptosis y trastornos relacionados. La investigación clínica utiliza voluntarios humanos para ayudar a los investigadores a comprender mejor un trastorno y, posiblemente, encontrar mejores maneras de detectar, tratar o prevenir la enfermedad de forma segura.

Se necesitan voluntarios (tanto sanos o con alguna afección o enfermedad), de todas las edades, sexos, razas y etnias para garantizar que los resultados del ensayo sean relevantes para la mayor cantidad posible de personas, y que los tratamientos sean seguros y eficaces para todo aquel que los necesite.

Para obtener más información sobre los ensayos clínicos y encontrar estudios que puedan ser adecuados para usted, visite la página web de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) sobre ensayos clínicos y su salud, así como ClinicalTrials.gov, donde podrá buscar estudios activos por afección, ubicación y grupo de edad.