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¿Qué es un desgarro muscular?

Los desgarros musculares son daños que se producen cuando las fibras musculares se estiran o desgarran excesivamente. Esto suele ocurrir debido a un esfuerzo excesivo, movimientos bruscos o traumatismos. Los desgarros musculares pueden variar desde microdesgarros menores hasta roturas importantes de tendones.

Tipos de desgarros musculares

Los desgarros musculares pueden variar en gravedad, desde distensiones leves hasta roturas completas. Los tres grados de desgarro muscular son:

  • Grado uno (leve): este desgarro muscular de bajo grado implica un estiramiento leve o un desgarro microscópico de las fibras musculares. Los síntomas pueden incluir dolor leve, hinchazón leve y limitación del rango de movimiento. La recuperación de los desgarros de grado uno suele ser rápida.
  • Grado dos (moderado): esta lesión de grado medio implica un desgarro parcial de las fibras musculares. Los síntomas incluyen dolor más intenso, hinchazón, hematomas y debilidad muscular notable. El movimiento se ve más restringido después de esta lesión y la recuperación puede tardar algunas semanas.
  • Grado tres (grave): esta lesión es la más extrema e implica una rotura completa de un músculo o tendón. Los síntomas incluyen dolor intenso, hinchazón, hematomas y pérdida total de la función muscular. En ocasiones, esta lesión requiere cirugía para su reparación y la recuperación puede tardar meses.

Causas de los desgarros musculares

La causa más frecuente de un desgarro muscular es el uso excesivo, que puede ocurrir por movimientos o actividades repetidas. Otras causas son:

  • Traumatismos, como caídas o golpes en el músculo
  • Forma incorrecta mientras se realiza ejercicio
  • Fatigue
  • Movimientos repentinos, como levantar pesas pesadas o correr
  • Poca flexibilidad
  • Calentamientos musculares inadecuados

Factores de riesgo de los desgarros musculares

Ser consciente de los siguientes factores de riesgo puede reducir significativamente las probabilidades de sufrir un desgarro muscular. Algunos de estos factores son controlables, mientras que otros no. Estos son los factores de riesgo clave:

  • La falta de calentamiento antes de la actividad física deja los músculos tensos y más propensos a sufrir lesiones.
  • El desequilibrio entre grupos musculares (por ejemplo, cuádriceps más fuertes, pero isquiotibiales más débiles) genera un estrés desigual durante la actividad.
  • La falta de flexibilidad se manifiesta cuando los músculos están tensos y tienen un menor rango de movimiento, lo que hace que sean más propensos a desgarrarse ante movimientos bruscos.
  • Las lesiones previas, especialmente las que no se curaron por completo o no tuvieron la rehabilitación adecuada, pueden hacer que un músculo sea más susceptible a desgarrarse de nuevo.
  • El sobreentrenamiento o la intensidad excesiva implica forzar demasiado los músculos o trabajarlos con demasiada frecuencia sin una recuperación adecuada. Los músculos fatigados aumentan el riesgo de lesiones por sobreuso.
  • El envejecimiento suele hacer que los músculos pierdan elasticidad y fuerza, lo que los vuelve más propensos a sufrir lesiones. Por lo general, las personas mayores tienen mayor rigidez muscular y tienden a sanar más lentamente, lo que aumenta la probabilidad de desgarros.
  • Un acondicionamiento inadecuado implica falta de fuerza, resistencia o condición física general, lo que genera estrés en los músculos durante la actividad. Los músculos sin entrenamiento son menos capaces de soportar una actividad intensa o prolongada, lo que provoca fatiga y posibles lesiones.
  • La deshidratación y la mala nutrición no contribuyen al funcionamiento muscular eficaz. Los músculos deshidratados o desnutridos pueden sufrir calambres, debilitarse o desgarrarse con mayor facilidad durante la actividad física.
  • Los movimientos repentinos o inadecuados que implican aceleración rápida, desaceleración o cambios repentinos de dirección (como correr, saltar o girar) son actividades de alto riesgo.
  • El calzado y el equipamiento inadecuados aumentan el riesgo de lesiones. Un calzado mal ajustado o un equipo deportivo inadecuado pueden provocar desalineación o inestabilidad durante las actividades, lo que somete los músculos a una tensión innecesaria y los hace más vulnerables a desgarros.
  • Los factores ambientales como las temperaturas extremas o las superficies irregulares aumentan la probabilidad de lesiones.
  • Los factores genéticos pueden hacer que algunas personas sean más propensas a sufrir lesiones musculares. Las personas con ciertos rasgos genéticos tienen músculos menos elásticos o más frágiles.

Prevención de los desgarros musculares

Para prevenir un desgarro muscular, es importante calentar adecuadamente antes de practicar actividad física y asegurarse de usar el equipo correcto. Además, estirar regularmente ayuda a aumentar la flexibilidad y reducir el riesgo de un desgarro.

Signos y síntomas de los desgarros musculares

Los síntomas de un desgarro muscular son dolor en el lugar del desgarro, hinchazón, hematomas y rango de movimiento limitado.

Diagnóstico de los desgarros musculares

Si sospecha que tiene un desgarro muscular, probablemente el médico le pregunte sobre sus síntomas y su historial médico. A continuación, le realizará un reconocimiento físico para evaluar la amplitud de movimiento en la zona afectada. A veces se usan pruebas de imagen, como radiografías o resonancias magnéticas (RM), para confirmar el diagnóstico.

Tratamiento de los desgarros musculares

Tratar eficazmente un desgarro muscular implica seguir los pasos adecuados para promover la curación, reducir el dolor y prevenir daños mayores. El plan de tratamiento depende de la gravedad del desgarro. Nuestro equipo de profesionales expertos en Montefiore Einstein diseñará un plan de recuperación adaptado a sus necesidades, que incluye fisioterapia, programas de ejercicios en casa adaptados a su lesión y regímenes de manejo del dolor sin opioides.

Vivir con desgarros musculares

Muchos desgarros musculares requieren atención médica especiales en casa para controlar el dolor, la hinchazón y la inflamación. El método de reposo, hielo, compresión y elevación (RICE, por sus siglas en inglés) suele ser eficaz para tratar los desgarros musculares:

  • Reposo: evite actividades que provoquen estrés en los músculos lesionados.
  • Hielo: aplique una compresa de hielo en el área lesionada cada dos horas durante 20 a 30 minutos para adormecer el músculo y reducir la hinchazón.
  • Compresión: envuelva el músculo lesionado para controlar la hinchazón utilizando una venda elástica o compresión.
  • Elevación: mantenga el músculo por encima del nivel del corazón tanto como sea posible para reducir la hinchazón y permitir que los líquidos se drenen lejos de la lesión.