Círculo completo: Un legado para el lugar donde todo comenzó
Para Connie y Steve Delehanty, Montefiore Einstein es más que un antiguo lugar de trabajo: es donde florecieron sus carrera profesional, comenzó su historia de amor y se arraigó su vínculo de por vida con una organización impulsada por una misión.
Steve, veterano de Vietnam, llegó a Montefiore Einstein en 1969 como analista de empleo. «Necesitaba un trabajo y en Montefiore Einstein había uno», recuerda con una sonrisa. Con el paso de los años, ascendió hasta convertirse en Director de Relaciones Laborales. Connie, técnica de laboratorio certificada y especialista en bancos de sangre, se incorporó en 1973 y, como supervisora de laboratorio, desempeñó un papel fundamental en la informatización del banco de sangre antes de pasar al departamento de informática. Se conocieron en el trabajo; Steve era donante habitual de sangre y se fijó en Connie cuando ella pasó por la zona de donación para tomar un café. Su presentación oficial tuvo lugar durante una sesión de capacitación de RRHH impartida por Steve.
Montefiore Einstein pronto se convirtió en el centro de su vida en común. «Al principio vivíamos en los apartamentos de Montefiore Einstein, luego íbamos juntos al trabajo y creamos una rutina que funcionaba», dice Steve. «Nos sentíamos como una familia», añade Connie. «Celebrábamos baby showers, los viernes de bagels, incluso concursos de talentos. Todos nos cuidábamos entre nosotros».
Más allá del compañerismo que sentían con sus respectivos colegas, permanecieron en la empresa durante más de 30 años porque, como ellos mismos afirman, lo que hacían realmente importaba. «La sensación de estar contribuyendo a algo más grande le daba sentido a nuestro trabajo», reflexiona Steve.
Ahora jubilados, la pareja sigue ligada a sus pasiones: Connie colabora como voluntaria en los archivos de Montefiore Einstein y la Filarmónica de Nueva York; Steve, un apasionado de la armonía vocal a capela, compone, arregla, canta y participa como jurado en concursos de música a capela a cuatro voces. Asisten con frecuencia a conciertos de música clásica en el Carnegie Hall y el Lincoln Center.
Tras el 11-S, decidieron actualizar su testamento e incluir a Montefiore Einstein en su donaciones planificadas. «No tenemos hijos», explica Steve. «Así que queríamos donar a los lugares que marcaron nuestras vidas». Connie coincide: «Sin Montefiore Einstein, no nos habríamos conocido. No tendríamos la jubilación que tenemos. Era lo lógico».
¿Su esperanza? Que su donación ayude a Montefiore Einstein a continuar su misión. «Se trata del bien común», dice Steve. «Y de la comunidad y la innovación», añade Connie. «Trabajando en los archivos, he aprendido muchísimo sobre la historia de Montefiore Einstein. Quiero que esto continúe. Eso es lo que queremos apoyar».
Su historia es un testimonio de lo significativo que puede ser un legado, especialmente cuando se cierra el círculo.