¿Qué es el dolor crónico?
El dolor es una señal desagradable de que algo hace daño. Es una experiencia compleja que difiere mucho de una persona a otra, incluso entre aquellas con lesiones o enfermedades similares. El dolor puede ser muy leve, casi imperceptible, o explosivo. Puede experimentar dolor en forma de pinchazos, hormigueo, escozor, quemazón, punzadas, molestias o sensaciones eléctricas.
En lo que respecta a la identificación de los tipos de dolor, se distinguen dos: el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo aparece de repente y puede ser intenso, pero dura relativamente poco tiempo. Suele aparecer tras una lesión o un traumatismo y se resuelve por sí solo.
A diferencia del dolor agudo, el dolor crónico es un dolor que dura mucho tiempo y no parece mejorar ni desaparecer. Este periodo de tiempo puede variar, pero generalmente abarca de tres a seis meses tras el inicio de los síntomas. El dolor crónico suele ser un síntoma debilitante de muchas enfermedades y se considera una enfermedad en sí misma cuando persiste más allá de la recuperación de una lesión o afección. El dolor crónico es un componente frecuente de muchos trastornos neurológicos.
El dolor le advierte de que algo no está del todo bien en su cuerpo y puede obligarle a hacer determinadas acciones y evitar otras. El dolor puede mermar significativamente su calidad de vida y afectar negativamente a su bienestar físico y emocional, alterando las relaciones con familiares, compañeros de trabajo y amigos, y limitando su movilidad y participación en las actividades cotidianas.
Cientos de síndromes o trastornos conforman el espectro del dolor. Por ejemplo, está el dolor del parto, el dolor de un ataque al corazón, el dolor de cabeza o de espalda y el dolor que puede seguir a la amputación de un miembro. También está el dolor que acompaña al cáncer y el que sigue a traumatismos graves, como las lesiones craneales y medulares.
Millones de estadounidenses sufren dolor a diario. El dolor crónico es una de las razones más comunes por las que los adultos en EE. UU. buscan atención médica y afecta a 50 millones de personas en el país. El dolor crónico también es la principal causa de discapacidad y carga de enfermedad a nivel mundial. Más allá de los síntomas físicos, el dolor crónico puede afectar a la mente y al bienestar social de una persona. De hecho, las personas que viven con dolor crónico tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y ansiedad.
Tipos de dolor crónico
El dolor puede clasificarse en agudo o crónico, y ambos tipos difieren enormemente.
- El dolor agudo suele ser consecuencia de una lesión, enfermedad o inflamación específicas. Suele aparecer de repente, por ejemplo, después de un traumatismo físico o una intervención quirúrgica, y puede ir acompañado de ansiedad o angustia emocional. Normalmente, el dolor agudo es una respuesta protectora al daño tisular provocado por una lesión, una enfermedad, una sobrecarga o factores estresantes ambientales. La causa del dolor agudo se puede diagnosticar y tratar. El dolor es autolimitante; es decir, se limita a un período de tiempo y una intensidad determinados. Sin embargo, el dolor agudo puede volverse crónico.
- El dolor crónico es una enfermedad médica que puede empeorar debido a factores ambientales y psicológicos. El dolor crónico persiste durante mucho tiempo y puede ser difícil de tratar. Las personas con dolor crónico a menudo padecen más de una afección dolorosa. También tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas en el rendimiento físico, la cognición y las reacciones emocionales. Puede haber mecanismos comunes que hagan que algunas personas tengan un mayor riesgo de desarrollar trastornos del dolor múltiple. Se desconoce si estos trastornos comparten una causa común.
Anatomía del dolor
Nociceptores: para sentir el dolor, miles de células nerviosas o neuronas sensoriales especializadas (nociceptores) repartidas por todo el cuerpo desencadenan una serie de respuestas a un estímulo nocivo (doloroso). El estímulo desencadena un impulso eléctrico que viaja a través de los nervios desde el lugar de la lesión o la zona enferma hasta la médula espinal y el cerebro. Los nociceptores de la cabeza y la cara transmiten señales de dolor directamente al tronco encefálico, donde convergen las vías del dolor.
Regiones cerebrales: una región cerebral que recibe señales de dolor es el tálamo. El tálamo es una estación de retransmisión que distribuye señales sensoriales a muchas otras regiones del cerebro, incluidas las del córtex, que procesan la información nociceptiva (reacción al dolor o lo causa) procedente del cuerpo y generan la experiencia compleja del dolor. Tiene múltiples componentes, entre los que se incluyen los siguientes aspectos:
- Sensitivo-discriminativo, que le ayuda a localizar en qué parte del cuerpo se ha producido una lesión.
- Afectivo-motivacional, que transmite lo desagradable de la experiencia.
- Cognitivo-evaluativo, que implica una planificación reflexiva sobre cómo evitar el dolor.
Sistemas cerebrales
Muchas de las características del dolor se han asociado a sistemas cerebrales específicos, aunque aún queda mucho por aprender. Además, los investigadores han descubierto que muchos de los sistemas cerebrales implicados en la experiencia del dolor se superponen con la experiencia de las emociones básicas. En consecuencia, cuando las personas experimentan emociones indeseables (por ejemplo, miedo, ansiedad, ira), los mismos sistemas cerebrales responsables de estas emociones también amplifican la experiencia del dolor.
Afortunadamente, también existen sistemas en el cerebro que ayudan a atenuar o disminuir el dolor. Por ejemplo, el cerebro envía señales descendentes a la médula espinal que pueden inhibir (bloquear o interferir) la intensidad de las señales nociceptivas entrantes y reducir la experiencia del dolor. Una forma en que estas señales descendentes reducen el dolor es mediante la liberación de moléculas (como opioides endógenos o de producción propia) en la médula espinal que pueden impedir que las señales de dolor se transmitan al cerebro desde los nervios fuera del cerebro y la médula espinal (sistema nervioso periférico).
Neuroquímica del dolor
Neurotransmisores
La capacidad de percibir el dolor implica la existencia de intrincadas conexiones entre muchas regiones cerebrales diferentes. El sistema nervioso utiliza un conjunto de sustancias químicas, llamadas neurotransmisores, para comunicarse entre las neuronas dentro y a través de estas estaciones de la vía del dolor. Las neuronas liberan estas sustancias químicas en paquetes diminutos (vesículas) en el espacio entre dos células. Cuando llegan a su objetivo, se unen a proteínas especiales en la superficie de las células llamadas receptores. El transmisor activa entonces el receptor, que funciona de forma muy similar a una compuerta. La compuerta se cerrará para bloquear (receptor inhibidor) la señal o se abrirá para enviar (receptor excitador) la señal a la siguiente estación. Esto se conoce como la teoría de la compuerta del control del dolor.
Hay muchos neurotransmisores en el cuerpo humano que actúan tanto en el funcionamiento normal como en la enfermedad. En el caso de la nocicepción y el dolor, actúan en diversas combinaciones a todos los niveles del sistema nervioso para transmitir y modificar las señales generadas por estímulos nocivos.
- El glutamato es uno de los principales responsables del funcionamiento del sistema nervioso y de la fisiopatología del dolor. Refuerza el proceso denominado sensibilización central y contribuye a que el dolor persista. Se ha prestado mucha atención al desarrollo de moléculas o medicamentos que bloquean determinados receptores del glutamato por su potencial para reducir el dolor.
- El ácido gamma-aminobutírico (GABA, por sus siglas en inglés) suele disminuir o bloquear la actividad de las neuronas. La mayor parte de lo que se sabe sobre su rol en el dolor está relacionado con su función de inhibir la transmisión de señales por parte de las neuronas de la médula espinal y, por tanto, de atenuar el dolor. Se han estudiado sustancias químicas similares al GABA como posibles analgésicos, pero como el GABA está tan extendido en el sistema nervioso, es difícil elaborar un medicamento similar al GABA sin que afecte a otras funciones del sistema nervioso.
- La noradrenalina y la serotonina amortiguan las señales entrantes de estímulos dolorosos procedentes del lugar de la lesión o inflamación. Los medicamentos que modulan la actividad de estos transmisores, como algunos antidepresivos, son eficaces en el tratamiento de algunas dolencias crónicas, probablemente al aumentar la disponibilidad de los transmisores mediante un proceso de reciclaje y reutilización. Los receptores de serotonina también están presentes en los nervios que irrigan la superficie del cerebro implicada en las migrañas, y su modulación por una clase de medicamentos llamados triptanes es eficaz en el tratamiento agudo de la migraña.
- Los opioides intervienen en el control del dolor, así como en el placer y la adicción. Sus receptores se encuentran por todo el cuerpo y pueden ser activados por péptidos opioides endógenos (dos o más aminoácidos que actúan juntos para interferir en las señales de dolor) que son liberados por las neuronas del cerebro. Las encefalinas, dinorfinas y endorfinas son algunos de los analgésicos naturales del propio organismo. Las endorfinas pueden resultar familiares por su papel en la sensación de bienestar durante el ejercicio. Los receptores opioides también pueden ser activados por la morfina, que imita el efecto de nuestros opioides endógenos. La morfina es producida de forma natural por el organismo y, al igual que otros opioides sintéticos similares, es un analgésico muy potente pero muy adictivo que se utiliza ampliamente para el tratamiento del dolor agudo y crónico intenso. Hay pocos estudios que sugieran que el uso a largo plazo de opioides para el dolor crónico sea una herramienta eficaz para el tratamiento del dolor. Además, las investigaciones sugieren que la hiperalgesia inducida por opioides (aumento de la respuesta al dolor) puede producirse con el uso frecuente y/o prolongado de opioides, lo que puede hacer que una persona se vuelva más sensible al dolor.
Sensibilización central
La sensibilización central hace referencia a los cambios en el sistema nervioso que se asocian al desarrollo y mantenimiento del dolor crónico. Cuando esto ocurre, el sistema nervioso pasa por un proceso llamado “wind-up” y se encuentra en un estado continuo de alta reactividad. Este estado persistente de reactividad reduce el umbral para que una sensación evoque una respuesta de dolor y, por consiguiente, mantiene el dolor incluso después de que la lesión inicial se haya curado. Las personas que experimentan alodinia y/o hiperalgesia pueden tener una mayor sensibilidad al dolor y al tacto. La alodinia se produce cuando alguien experimenta dolor como consecuencia de estímulos que normalmente no son dolorosos. La hiperalgesia se produce cuando un estímulo es más doloroso de lo que debería.
Genética del dolor
Las diferencias en nuestros genes ponen de manifiesto las distintas formas en que experimentamos el dolor. Los científicos creen que las variaciones genéticas pueden determinar el riesgo de desarrollar dolor crónico, el grado de sensibilidad a los estímulos dolorosos, la posibilidad de que determinadas terapias reduzcan el dolor y la forma de experimentar el dolor agudo o crónico. Muchos genes contribuyen a la percepción del dolor, y las mutaciones en uno o más genes relacionados con el dolor explican parte de la variabilidad de las experiencias dolorosas.
Algunas personas que nacen insensibles al dolor (es decir, que no pueden sentirlo) tienen una mutación en parte de un gen que interviene en la actividad eléctrica de los nociceptores y otros tipos de neuronas. Una mutación diferente en ese mismo gen puede causar un dolor intenso e incapacitante. Los científicos han identificado muchos genes involucrados en el dolor mediante el examen de un gran número de personas con trastornos de dolor en busca de mutaciones genéticas compartidas. Si bien los genes influyen en la sensibilidad al dolor, solo son responsables de una parte de esta variabilidad. En última instancia, la sensibilidad al dolor se rige por una compleja interacción de genes, cogniciones, estados de ánimo, entornos y experiencias vitales tempranas.
Inflamación y dolor
La relación entre los sistemas nervioso e inmunológico es clave. Las citocinas, un grupo de proteínas que se encuentran en el sistema nervioso, también forman parte del sistema inmunológico, el escudo del organismo para combatir las enfermedades y responder a las lesiones. Las citocinas pueden desencadenar el dolor al favorecer la inflamación, incluso en ausencia de lesión o daño. Tras un traumatismo, los niveles de citocinas aumentan en el cerebro, la médula espinal y en el lugar de la lesión. La comprensión sobre la función precisa de las citocinas en la producción de dolor puede conducir al desarrollo de nuevas clases de medicamentos capaces de bloquear la acción de estas sustancias para producir analgesia.
Circuitos neuronales y dolor crónico
El dolor que percibimos cuando tenemos una lesión o una infección nos alerta del posible daño tisular. A veces, este dolor protector persiste después de que se produzca la sanación o incluso puede aparecer cuando no hay una causa aparente. Este dolor persistente está relacionado con cambios en nuestro sistema nervioso, que responde a los cambios internos y externos reorganizándose y adaptándose a lo largo de la vida. Este fenómeno se conoce como plasticidad neuronal, un proceso que nos permite aprender, recordar y recuperarnos de una lesión cerebral. Después de una lesión o un proceso patológico, el sistema nervioso a veces sufre una reorganización estructural y funcional que no es una forma saludable de plasticidad. Los cambios inapropiados o inadecuados a largo plazo, tanto en el sistema nervioso periférico como en el central, pueden hacernos hipersensibles al dolor y que persista después de que las lesiones hayan sanado. Por ejemplo, las neuronas sensoriales del sistema nervioso periférico, que normalmente detectan estímulos nocivos/dolorosos, pueden alterar las señales eléctricas o moleculares que envían a la médula espinal. Esto a su vez desencadena que los genes alteren la producción de receptores y transmisores químicos en las neuronas de la médula espinal, estableciendo un estado de dolor crónico. El aumento de la actividad de las neuronas en la médula espinal potencia las vías de señalización del dolor hacia el tronco encefálico y el cerebro. Esta sensibilización central es difícil de revertir y hace que el dolor persista incluso después de cumplir su función protectora.
Causas del dolor crónico
No todas las personas con dolor crónico tienen un problema de salud diagnosticado por un proveedor de atención médica, pero entre quienes lo tienen, las afecciones más frecuentes son el dolor lumbar o la osteoartritis, según una encuesta nacional. Otros diagnósticos frecuentes son la artritis reumatoide, la migraña, el síndrome del túnel carpiano y la fibromialgia.
El dolor crónico puede ser consecuencia de una enfermedad o problema de salud subyacente, una lesión, un tratamiento médico (como una cirugía), una inflamación o un problema en el sistema nervioso (en cuyo caso se denomina “dolor neuropático”), o la causa puede ser desconocida. El dolor puede afectar a la calidad de vida y a la productividad, y puede ir acompañado de dificultad para moverse, trastornos del sueño, ansiedad, depresión y otros problemas.
Factores de riesgo del dolor crónico
Las mujeres tienen un mayor riesgo de padecer muchas afecciones dolorosas y, a menudo, presentan una mayor prevalencia de dolor crónico que los hombres. Las mujeres también tienen más probabilidades de sufrir dolor a causa de ciertas enfermedades, como el cáncer. Además, algunos trastornos de dolor crónico se dan solo en mujeres, mientras que otros se dan predominantemente en hombres. Entre ellos están el síndrome de fatiga crónica, la endometriosis, la fibromialgia, la cistitis intersticial, la vulvodinia y los trastornos temporomandibulares.
El dolor es la principal dolencia de los adultos mayores en Estados Unidos. Las investigaciones sugieren que el dolor más intenso y el dolor que interfiere en las actividades diarias aumentan con la edad. También se ha demostrado que las personas mayores son más vulnerables al dolor intenso o persistente y que la incapacidad para tolerar el dolor intenso también aumenta con la edad. Algunas de las causas más frecuentes de dolor en los adultos mayores son el dolor articular, el dolor posquirúrgico, las enfermedades crónicas y las afecciones asociadas al envejecimiento.
El dolor crónico es más frecuente a medida que las personas envejecen, al menos en parte porque algunos problemas de salud que pueden causar dolor, como la osteoartritis, son más comunes con la edad. El tratamiento del dolor en la población de mayor edad difiere del de las personas más jóvenes. Por ejemplo, las personas mayores tienen muchas más probabilidades de experimentar efectos secundarios relacionados con la medicación que las personas más jóvenes.
El dolor en los niños también requiere una atención especial. Identificar el problema y obtener un diagnóstico adecuado puede ser especialmente difícil porque los niños pequeños a menudo no son capaces de describir el grado de dolor que sienten. Además, el dolor de un niño suele recibir un tratamiento insuficiente por diversas razones, una de las cuales es que existen pocas recomendaciones basadas en evidencias sobre las prácticas de prescripción de medicamentos para niños y adolescentes.
Aunque el tratamiento del dolor en los niños plantea dificultades tanto para los médicos como para los padres, nunca se debe subestimar el tratamiento que reciben. Se han desarrollado herramientas y cuestionarios específicos para medir el dolor en los niños que, cuando se combinan con los comentarios de los padres, pueden ayudar a los médicos a seleccionar los tratamientos más eficaces.
Detección y prevención del dolor crónico
Las diferencias en nuestros genes ponen de manifiesto las distintas formas en que experimentamos el dolor. Los científicos creen que las variaciones genéticas pueden determinar el riesgo de desarrollar dolor crónico, el grado de sensibilidad a los estímulos dolorosos, la posibilidad de que determinadas terapias reduzcan el dolor y la forma de experimentar el dolor agudo o crónico. Muchos genes contribuyen a la percepción del dolor, y las mutaciones en uno o más genes relacionados con el dolor explican parte de la variabilidad de las experiencias dolorosas.
Algunas personas que nacen insensibles al dolor (es decir, que no pueden sentirlo) tienen una mutación en parte de un gen que interviene en la actividad eléctrica de los nociceptores y otros tipos de neuronas. Una mutación diferente en ese mismo gen puede causar un dolor intenso e incapacitante. Los científicos han identificado muchos genes involucrados en el dolor mediante el examen de un gran número de personas con trastornos de dolor en busca de mutaciones genéticas compartidas. Si bien los genes influyen en la sensibilidad al dolor, solo son responsables de una parte de esta variabilidad. En última instancia, la sensibilidad al dolor se rige por una compleja interacción de genes, cogniciones, estados de ánimo, entornos y experiencias vitales tempranas.
La relación entre los sistemas nervioso e inmunológico es clave. Las citocinas, un grupo de proteínas que se encuentran en el sistema nervioso, también forman parte del sistema inmunológico, el escudo del organismo para combatir las enfermedades y responder a las lesiones. Las citocinas pueden desencadenar el dolor al favorecer la inflamación, incluso en ausencia de lesión o daño. Tras un traumatismo, los niveles de citocinas aumentan en el cerebro, la médula espinal y en el lugar de la lesión. La comprensión sobre la función precisa de las citocinas en la producción de dolor puede conducir al desarrollo de nuevas clases de medicamentos capaces de bloquear la acción de estas sustancias para producir analgesia.
Signos y síntomas del dolor crónico
El dolor puede clasificarse en agudo o crónico, y ambos tipos difieren enormemente.
- El dolor agudo suele ser consecuencia de una lesión, enfermedad o inflamación específicas. Suele aparecer de repente, por ejemplo, tras un traumatismo físico o una intervención quirúrgica, y puede ir acompañado de ansiedad o angustia emocional. Normalmente, el dolor agudo es una respuesta protectora al daño tisular provocado por una lesión, una enfermedad, un sobreesfuerzo o factores de estrés ambiental. La causa del dolor agudo se puede diagnosticar y tratar. El dolor es autolimitante, es decir, se limita a un período de tiempo y una intensidad determinados. Sin embargo, el dolor agudo puede volverse crónico.
- El dolor crónico es una enfermedad médica que puede empeorar debido a factores ambientales y psicológicos. El dolor crónico persiste durante mucho tiempo y puede ser difícil de tratar. Las personas con dolor crónico a menudo padecen más de una afección dolorosa. También tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas en el rendimiento físico, la cognición y las reacciones emocionales. Puede haber mecanismos comunes que hagan que algunas personas tengan un mayor riesgo de desarrollar trastornos del dolor múltiple. Se desconoce si estos trastornos comparten una causa común.
Diagnóstico del dolor crónico
No hay forma de medir objetivamente el dolor. Solo la persona que lo experimenta puede describir cuánto dolor siente. Después de conocer su historial de dolor y otros problemas médicos, su proveedor de atención médica puede realizar exámenes físicos y evaluaciones clínicas, y solicitar pruebas diagnósticas y de imagen para evaluar la intensidad del dolor y diagnosticar o descartar cualquier afección.
Los proveedores de atención médica disponen de muchos enfoques y tecnologías para ayudar a identificar la causa del dolor, entre ellos:
- Un examen musculoesquelético y neurológico en el que el médico evalúa el movimiento, los reflejos, la sensibilidad, el equilibrio y la coordinación.
- Los análisis de laboratorio (por ejemplo, de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo) pueden ayudar al médico a diagnosticar infecciones, cáncer, problemas nutricionales, anomalías endocrinas y otras afecciones que pueden causar dolor.
- Los procedimientos de electrodiagnóstico, como la electromiografía (EMG), los estudios de conducción nerviosa, los estudios de potenciales evocados (PE) y las pruebas sensoriales cuantitativas, miden la actividad eléctrica de los músculos y los nervios. Ayudan a los médicos a evaluar los síntomas musculares que pueden ser consecuencia de una enfermedad o una lesión en los nervios o músculos del cuerpo. La EMG evalúa la actividad muscular e identifica qué músculos o nervios están afectados por la debilidad o el dolor. Los estudios de conducción nerviosa (generalmente realizados junto con una EMG) registran cómo funcionan los nervios. Los estudios de PE miden la actividad eléctrica en el cerebro en respuesta a la estimulación visual, auditiva o táctil. Las pruebas sensoriales cuantitativas pueden establecer umbrales para la percepción sensorial que luego se pueden comparar con los valores normales. Estas pruebas se utilizan para detectar anomalías en la función sensorial y trastornos nerviosos.
- En el diagnóstico por imagen, especialmente en la resonancia magnética (RM), se puede observar el interior de las estructuras y los tejidos corporales, como el cerebro y la médula espinal. En la RM se utilizan campos magnéticos y ondas de radio para diferenciar entre tejido sano y enfermo. En la ecografía se utilizan ondas sonoras de alta frecuencia para obtener imágenes del interior del cuerpo.
- Los bloqueos de nervios no solo tratan sino que también pueden ayudar a diagnosticar la causa del dolor. La respuesta de una persona a un bloqueo nervioso puede ayudar al médico a determinar qué está causando el dolor o de dónde procede, ya que las señales de dolor pueden propagarse por todo el cuerpo.
- Las evaluaciones psicológicas suelen realizarse cuando se evalúa el dolor crónico. Existe una alta prevalencia de depresión, ansiedad y angustia emocional asociada al dolor crónico (y viceversa), y a menudo los diagnósticos pueden ser difíciles de separar. Un médico puede pedirle al paciente que complete cuestionarios psicológicos o preguntarle cómo se siente emocionalmente.
- Las radiografías producen imágenes de las estructuras corporales, como los huesos y las articulaciones. Las gammagrafías óseas pueden ayudar a diagnosticar y rastrear infecciones, fracturas u otros trastornos óseos.
Tratamiento del dolor crónico
El objetivo del tratamiento del dolor es mejorar la funcionalidad, lo que le permitirá trabajar, asistir a la escuela y participar en las actividades diarias. Las numerosas opciones de tratamiento varían en función del tipo de dolor, su duración y el acceso a la atención médica.
La mejor forma de prevenir, evaluar y tratar el dolor crónico es el modelo de tratamiento biopsicosocial. Este modelo le permite a usted, a sus proveedores de atención médica y a sus cuidadores ver el dolor como una interacción dinámica entre los factores biológicos, psicológicos y sociales que son únicos para usted. Es la mejor base para diseñar el programa de tratamiento del dolor más completo para usted.
El tratamiento interdisciplinario, en el que participan miembros de equipos de diferentes especialidades médicas que trabajan en colaboración para fijar objetivos, tomar decisiones y compartir recursos y responsabilidades, se basa en el modelo biopsicológico que es importante a la hora de ayudar a los enfermos de dolor crónico.
En su mayor parte, los medicamentos, procedimientos, intervenciones y terapias que se enumeran a continuación han demostrado en ensayos clínicos que ayudan a aliviar o controlar el dolor asociado a una o más afecciones específicas, pero ninguno ha demostrado ser totalmente eficaz para aliviar todos los tipos de dolor. Hable con su proveedor de atención médica sobre qué tratamiento o combinación de tratamientos será más eficaz para usted y su dolor. Es importante recordar que, si bien no todo los dolores son curables, todos pueden tratarse. Entre los tratamientos habituales se incluyen:
- La acupuntura consiste en la aplicación de agujas en puntos precisos del cuerpo para aliviar el dolor. Forma parte de una categoría de curación denominada medicina tradicional china (MTC). Las pruebas de la eficacia de la acupuntura para aliviar el dolor son contradictorias y se están realizando estudios clínicos para investigar sus beneficios.
- El término analgésico hace referencia a la clase de medicamentos que incluye la mayoría de los “medicamentos contra el dolor”: antiinflamatorios no esteroides (AINE) como la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno, así como paracetamol y los opioides (con efecto narcótico que pueden inducir sedación y aliviar el dolor). Los analgésicos sin receta o de venta libre se utilizan generalmente para el dolor leve a moderado. Los analgésicos opioides recetados, que se venden a través de una farmacia bajo la dirección de un médico, se utilizan para el dolor agudo moderado a intenso y suelen recetarse para un tratamiento de corta duración.
- Los anticonvulsivos se utilizan para tratar los trastornos convulsivos porque amortiguan los impulsos eléctricos anormalmente rápidos. Los médicos también los recetan para tratar diversos tipos de dolor, sobre todo el dolor neuropático.
- Los antidepresivos se utilizan a menudo para tratar el dolor crónico y, en particular, para ayudar a controlar el dolor musculoesquelético, el dolor neuropático y el dolor relacionado con el dolor de cabeza.
- Las dietas antiinflamatorias (nutrición) son otro enfoque para el tratamiento del dolor crónico. Las investigaciones sugieren que algunas personas con dolor crónico pueden beneficiarse del consumo de alimentos antiinflamatorios para ayudar a reducir su nivel de dolor con efectos secundarios negativos limitados.
- Los betabloqueantes son medicamentos que inhiben una rama del sistema nervioso simpático y las hormonas suprarrenales que inducen la reacción de “lucha o huida”. El propranolol y el timolol se utilizan para prevenir las migrañas.
- La biorretroalimentación se utiliza para tratar muchos problemas de dolor comunes, en particular el dolor de cabeza y de espalda. La biorretroalimentación permite a las personas aprender a cambiar la actividad fisiológica con el fin de mejorar la salud y el rendimiento. La máquina de biorretroalimentación proporciona una información rápida y precisa que ayuda a las personas a tomar conciencia, seguir y controlar determinadas funciones corporales, como la tensión muscular, la frecuencia cardiaca y respiratoria, y la temperatura de la piel.
- El bótox (toxina botulínica) es un tratamiento aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés) para las migrañas crónicas (aquellas que duran o se producen durante mínimo 15 días al mes). El bótox se inyecta alrededor de las fibras del dolor que intervienen en los dolores de cabeza. El bótox penetra en las terminaciones nerviosas y bloquea la liberación de sustancias químicas implicadas en la transmisión del dolor.
- Los anticuerpos monoclonales contra el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP, por sus siglas en inglés) son una clase de medicamentos aprobados por la FDA para ayudar a prevenir las migrañas frecuentes. Algunos de los nuevos medicamentos incluyen erenumab (Aimovig), fremanezumab (Ajovy) y galcanezumab (Emgality).
- Los cuidados quiroprácticos pueden aliviar el dolor de espalda, el dolor de cuello, los dolores de cabeza y las afecciones musculoesqueléticas. Consiste en una terapia práctica diseñada para ajustar la relación entre la estructura del cuerpo (principalmente la columna vertebral) y su funcionamiento. La manipulación vertebral quiropráctica incluye el ajuste y la manipulación de las articulaciones y los tejidos adyacentes. Estos cuidados también pueden incluir ejercicios terapéuticos y de rehabilitación. Una revisión de numerosos ensayos clínicos para evaluar la eficacia de las manipulaciones vertebrales concluye que solo hay pruebas de baja calidad de su beneficio para el dolor lumbar agudo y subagudo. Sin embargo, para el dolor de espalda crónico, existen pruebas de un alivio del tratamiento de pequeño a moderado.
- La terapia cognitivo conductual (TCC) es un tratamiento bien establecido para el dolor que consiste en ayudar a la persona a mejorar sus habilidades de afrontamiento: marcar el ritmo de las actividades cotidianas, abordar los pensamientos y emociones negativos que pueden amplificar el dolor, y aprender métodos de relajación para prepararse y afrontar el dolor y los cambios en el sistema nervioso. Se utiliza para el dolor crónico, el dolor posoperatorio, el dolor por cáncer y en las transiciones del dolor agudo al crónico.
- La terapia psicológica puede ofrecer a una persona que sufre dolor el apoyo que tanto necesita, ya sea en el ámbito familiar, grupal o individual. Los grupos de apoyo pueden ser un complemento importante del tratamiento farmacológico o quirúrgico. El tratamiento psicológico también puede ayudar a las personas a aprender a manejar mejor los cambios fisiológicos producidos por el dolor.
- La estimulación eléctrica, incluida la neuroestimulación eléctrica implantada y la estimulación profunda del cerebro o de la médula espinal, es la versión moderna de prácticas ancestrales en las que se estimulan los nervios o los músculos mediante calor o masajes. Las siguientes técnicas requieren equipos especializados y personal con formación:
- La estimulación eléctrica transcutánea (EET) utiliza pequeños pulsos eléctricos que se transmiten a través de la piel a las fibras nerviosas para provocar cambios en los músculos, como entumecimiento o contracciones. Esto, a su vez, produce un alivio temporal del dolor. La EET puede activar subconjuntos de fibras nerviosas periféricas que pueden bloquear la transmisión del dolor a nivel de la médula espinal.
- La estimulación de los nervios periféricos utiliza electrodos colocados quirúrgicamente o por vía percutánea (inyectados a través de la piel) en un nervio periférico. A continuación, el paciente puede enviar la corriente eléctrica que necesite al nervio afectado mediante un generador eléctrico controlable.
- La estimulación de la médula espinal utiliza electrodos insertados quirúrgicamente o por vía percutánea entre la cubierta protectora de la columna vertebral (la duramadre) y la médula espinal. El paciente puede enviar un impulso de electricidad a la médula espinal mediante un generador de impulsos eléctricos implantado similar a un marcapasos cardiaco.
- La estimulación cerebral profunda se considera un tratamiento más extremo e implica la estimulación quirúrgica del cerebro, generalmente el tálamo o la corteza motora. Trata el dolor crónico en casos que no responden o que han dejado de responder a tratamientos menos invasivos o conservadores.
- El ejercicio también puede formar parte del régimen de tratamiento del dolor para la mayoría de las personas. Un médico o fisioterapeuta puede recomendar una rutina adecuada. La participación en algún tipo de ejercicio, actividad física y estiramientos puede ayudar a las personas con dolor a controlar mejor sus síntomas, afrontar las actividades cotidianas y mantener la flexibilidad y la fuerza muscular. El ejercicio, el sueño y la relajación pueden ayudar a reducir el estrés, contribuyendo así a aliviar el dolor. Se ha demostrado que el ejercicio supervisado ayuda a muchas personas con lumbalgia.
- En general, la hipnosis se utiliza para controlar la función o respuesta física, es decir, la cantidad de dolor que una persona puede soportar. No se sabe muy bien cómo funciona la hipnosis, y las investigaciones que sugieran su eficacia son limitadas. Algunos creen que la hipnosis permite a las personas mejorar su capacidad de concentración y/o relajación.
- A veces se utilizan inyecciones para administrar analgésicos de forma local, por ejemplo:
- Las inyecciones facetarias se dirigen a las pequeñas articulaciones estabilizadoras de la columna vertebral situadas entre y detrás de las vértebras. La anestesia local puede aliviar el dolor y la persona afectada puede notar un alivio más duradero entre dos y cinco días después de la inyección.
- Las inyecciones de esteroides actúan disminuyendo la inflamación y reduciendo la actividad del sistema inmunitario. Inyectar esteroides en una o dos zonas locales permite a los médicos administrar directamente una dosis alta del medicamento.
- La inyección en la articulación sacroilíaca se utiliza para diagnosticar el origen del dolor de una persona, así como para proporcionar un alivio terapéutico del dolor asociado a la disfunción de la articulación sacroilíaca. La inyección alivia el dolor reduciendo la inflamación de la articulación.
- Las inyecciones en puntos gatillo consisten en inyectar una pequeña cantidad de anestesia local, a veces con esteroides, directamente en un punto gatillo doloroso (un lugar específico en los músculos que causa dolor cuando se presiona durante un examen).
- Algunos profesionales de la salud han utilizado láseres de baja potencia para tratar el dolor. Esta terapia de luz de baja intensidad (no térmica) desencadena cambios bioquímicos en las células y puede tener efectos sobre el dolor, la inflamación y la reparación de tejidos, pero este método se considera experimental.
- La marihuana (cannabis) sigue siendo muy controvertida como tratamiento médico para controlar el dolor. Se están realizando estudios científicos para probar la seguridad y la utilidad del cannabis para tratar diferentes afecciones médicas. Aunque la marihuana no ha sido aprobada para ningún uso médico a nivel federal, varios Estados y el Distrito de Columbia permiten el uso de la marihuana medicinal como tratamiento.
- Marinol es un medicamento aprobado por la FDA que contiene el ingrediente activo dronabinol, una forma sintética de tetrahidrocannabinol (THC) utilizada para tratar las náuseas y los vómitos inducidos por la quimioterapia. Las investigaciones iniciales han descubierto que Marinol no era más eficaz que el placebo para el dolor posoperatorio y relacionado con los nervios, y sólo ligeramente más eficaz que el placebo para el dolor crónico no relacionado con el cáncer.
- Los relajantes musculares se utilizan para relajar y reducir la tensión muscular. Los relajantes musculares no son una clase de medicamentos, lo que significa que no todos tienen la misma estructura química ni actúan de la misma manera en el cerebro. El término “relajantes musculares” describe un grupo de medicamentos que actúan como depresores del sistema nervioso central y tienen propiedades sedantes para el dolor musculoesquelético.
- Los ansiolíticos incluyen medicamentos de la clase de las benzodiazepinas, utilizados para disminuir la actividad del sistema nervioso central. Estos fármacos pueden actuar como relajantes musculares y, en ocasiones, se utilizan para controlar la ansiedad.
- Los bloqueos nerviosos utilizan medicamentos, agentes químicos o técnicas quirúrgicas para interrumpir la transmisión de mensajes de dolor entre áreas específicas del cuerpo y el cerebro. Los bloqueos nerviosos pueden implicar anestesia local, anestesia o analgesia regional, o cirugía, y se utilizan habitualmente para procedimientos dentales tradicionales. Los bloqueos nerviosos se pueden utilizar para prevenir o incluso diagnosticar el dolor y pueden implicar la inyección de anestésicos locales para adormecer el nervio y/o esteroides para reducir la inflamación.
- Los bloqueos neurolíticos emplean la inyección de agentes químicos como alcohol, fenol o glicerol, o el uso de energía de radiofrecuencia, para matar los nervios responsables de transmitir señales nociceptivas. Los bloqueos neurolíticos se utilizan con mayor frecuencia para tratar el dolor por cáncer o de los nervios craneales.
- La simpatectomía, también conocida como bloqueo simpático, suele consistir en inyectar anestesia local junto al sistema nervioso simpático (que regula la frecuencia cardiaca, la respiración, la presión arterial y la respuesta a situaciones estresantes o peligrosas). El procedimiento se realiza a menudo para tratar el dolor neuropático de una extremidad (por ejemplo, el síndrome de dolor regional complejo), así como el dolor por enfermedad vascular y otras afecciones.
- Los bloqueos quirúrgicos se realizan en los nervios craneales, periféricos o simpáticos. Se utilizan con mayor frecuencia para aliviar el dolor por cáncer y el dolor facial extremo, como el que se experimenta con la neuralgia del trigémino. Existen varios tipos de bloqueos nerviosos quirúrgicos y no están exentos de problemas y complicaciones. Los bloqueos nerviosos pueden causar parálisis muscular y, en muchos casos, entumecimiento parcial. Por ese motivo, el procedimiento debe reservarse para un grupo selecto de personas y solo debe ser realizado por cirujanos expertos. Los tipos de bloqueos nerviosos quirúrgicos incluyen:
- Rizotomía dorsal espinal, en la que el cirujano corta la raíz o las raicillas de uno o varios de los nervios que irradian de la médula espinal.
- Rizotomía craneal y rizotomía trigémina, realizadas como tratamiento para el dolor facial extremo o canceroso.
- La fisioterapia y la rehabilitación pueden ayudar a disminuir el dolor y mejorar la movilidad aumentando la función, controlando el dolor y ayudando a la recuperación. Las personas pueden someterse a varios tratamientos de fisioterapia simultáneamente. Algunas de las formas más comunes, además de las mencionadas anteriormente, son:
- Tracción para disminuir el dolor y mejorar la movilidad de la columna
- Movilización articular, como cuando un fisioterapeuta mueve pasivamente las articulaciones del cuerpo en direcciones específicas para ayudar a disminuir el dolor y mejorar la movilidad
- Calor para aumentar la circulación en los tejidos lesionados, relajar los músculos y aliviar el dolor. El hielo ayuda a disminuir el dolor y controlar la inflamación
- El vendaje kinesiológico utiliza una cinta flexible para sujetar partes del cuerpo y músculos con el fin de reducir hematomas/hinchazones y aliviar el dolor
- Los placebos se definen como sustancias sin ningún efecto terapéutico que suelen utilizarse como factor de control en estudios clínicos para determinar la eficacia de un tratamiento médico. Los placebos son sustancias inactivas, como las pastillas de azúcar, o procedimientos inofensivos, como las inyecciones de solución salina, y pueden prescribirse más por el beneficio psicológico que por cualquier efecto fisiológico. Sin embargo, los placebos alivian el dolor a algunas personas. Aunque los placebos no tienen un efecto directo sobre las causas subyacentes del dolor, las pruebas de los estudios clínicos sugieren que muchas personas responden bien a ellos. Esto se conoce como respuesta al placebo, que se define como el cambio observable o medible que puede producirse tras la administración de un placebo. Un componente significativo responsable del efecto del placebo es el grado en que las personas esperan que funcione el tratamiento. Los placebos actúan en parte estimulando los analgésicos del propio cerebro.
- La relajación y la conciencia plena (mindfulness) son formas que tienen las personas de responder a la sensación física de dolor, que pueden tener un gran impacto en la manera en que el sistema nervioso del cuerpo crea y percibe el dolor. Las reacciones automáticas de una persona ante el dolor, a menudo de forma inconsciente, pueden amplificar la actividad generadora de dolor del sistema nervioso. Las estrategias de relajación (por ejemplo, la visualización, la relajación muscular progresiva o la relajación autógena) y las técnicas de conciencia plena (ejercicios que ayudan a la persona a observar las reacciones físicas, cognitivas y emocionales y a tomar decisiones hábiles para aliviar el dolor) son prácticas basadas en la evidencia que ayudan a que el sistema nervioso vuelva a un estado sin dolor.
- Reposo, hielo, compresión y elevación (RICE, por sus siglas en inglés) son cuatro componentes recetados por muchos traumatólogos, entrenadores, preparadores físicos, enfermeros y otros profesionales para lesiones temporales en músculos o articulaciones, como esguinces o distensiones.
- La ablación por radiofrecuencia (ARF) utiliza una corriente eléctrica producida por una onda de radio para calentar una pequeña zona de tejido nervioso y así disminuir las señales de dolor de esa zona específica. El grado de alivio del dolor puede variar en función de la causa y la localización del dolor. Algunas personas pueden experimentar alivio del dolor de seis meses a un año.
- Los agonistas serotoninérgicos (triptanes como sumatriptán, naratriptán y zolmitriptán) se utilizan específicamente para las migrañas agudas porque bloquean las vías del dolor en el cerebro. Administrados en forma de pastillas, inyecciones o aerosoles nasales, pueden aliviar muchos síntomas de la migraña.
- La cirugía puede ser recomendable para algunas personas con dolor que afecta significativamente a su funcionamiento diario. La cirugía puede considerarse cuando los tratamientos menos invasivos no han sido útiles. Sin embargo, los procedimientos quirúrgicos no siempre tienen éxito y pueden no ser adecuados para todo el mundo.
- Las cremas y geles tópicos para el dolor se pulverizan o se aplican sobre la piel de los músculos o articulaciones doloridos. Aunque todos están diseñados para aliviar el dolor, tienen ingredientes diferentes. Las cremas y geles tópicos para el dolor (por ejemplo, cremas analgésicas compuestas para tratar dolores específicos) a veces son recetados por un médico, mientras que otros se pueden comprar sin receta. Las pruebas sobre la eficacia de dichas cremas son limitadas. A continuación, se indican los ingredientes más comunes de los productos disponibles sin receta.
- La capsaicina es una sustancia química que se encuentra en los chiles y también es uno de los principales ingredientes de las cremas analgésicas de venta con o sin receta para el tratamiento de varias afecciones dolorosas, incluido el herpes zóster. Esta crema tópica puede ser útil para el dolor intenso. Actúa al reducir la cantidad de sustancia P (un compuesto que se cree que interviene en la transmisión sináptica del dolor y otros impulsos nerviosos) que se encuentra en las terminaciones nerviosas e interfiere en la transmisión de las señales de dolor al cerebro. Sin embargo, las personas pueden volverse insensibles al compuesto, tal vez debido al daño que la capsaicina ha causado a largo plazo en el tejido nervioso. Algunas personas no pueden tolerar la sensación de quemazón al usar crema de capsaicina.
- Los contrairritantes incluyen ingredientes como el mentol, el metilsalicilato (aceite de siempreviva) y el alcanfor. Se denominan contrairritantes porque crean una sensación de quemazón o enfriamiento que distrae a la persona del dolor.
- Los salicilatos son los mismos ingredientes que le dan a la aspirina su propiedad analgésica y se encuentran en algunas cremas. Su absorción cutánea puede aliviar el dolor, sobre todo en las articulaciones cercanas a la piel, como dedos, rodillas y codos.
Vivir con dolor crónico
El dolor es la principal dolencia de los adultos mayores en Estados Unidos. Las investigaciones sugieren que el dolor más intenso y el dolor que interfiere en las actividades diarias aumentan con la edad. También se ha demostrado que las personas mayores son más vulnerables al dolor intenso o persistente y que la incapacidad para tolerar el dolor intenso también aumenta con la edad. Algunas de las causas más frecuentes de dolor en los adultos mayores son el dolor articular, el dolor posquirúrgico, las enfermedades crónicas y las afecciones asociadas al envejecimiento.
El tratamiento del dolor en la población anciana difiere del de los jóvenes. Por ejemplo, las personas mayores tienen muchas más probabilidades de sufrir efectos secundarios relacionados con la medicación que los más jóvenes.
El dolor en los niños también requiere una atención especial. Identificar el problema y obtener un diagnóstico adecuado puede ser especialmente difícil porque los niños pequeños a menudo no son capaces de describir el grado de dolor que sienten. Además, el dolor de un niño suele recibir un tratamiento insuficiente por diversas razones, una de las cuales es que existen pocas recomendaciones basadas en evidencias sobre las prácticas de prescripción de medicamentos para niños y adolescentes.
Aunque el tratamiento del dolor en los niños plantea dificultades tanto para los médicos como para los padres, nunca se debe subestimar el tratamiento que reciben. Se han desarrollado herramientas y cuestionarios específicos para medir el dolor en los niños que, cuando se combinan con los comentarios de los padres, pueden ayudar a los médicos a seleccionar los tratamientos más eficaces.
Considere la posibilidad de participar en un ensayo clínico para que médicos y científicos puedan aprender más sobre la migraña y los trastornos relacionados. La investigación clínica se sirve de personas voluntarias que ayudan a los investigadores a aprender más sobre un trastorno y, tal vez, a encontrar mejores formas de detectar, tratar o prevenir enfermedades de manera segura.
Se necesitan voluntarios (tanto sanos o con alguna afección o enfermedad), de todas las edades, sexos, razas y etnias para garantizar que los resultados del ensayo sean relevantes para la mayor cantidad posible de personas, y que los tratamientos sean seguros y eficaces para todo aquel que los necesite.