Antes de enfermarse, Mary-Margaret estaba siempre en continuo movimiento. Llenaba sus días hasta el límite: la farmacéutica respetada, madre, consagrada tenista, voluntaria de la comunidad y corredora incansable, parecía desconocer el concepto de bajar el ritmo.
Nunca había estado enferma en toda mi vida. Y de repente, todo se vino abajo.
Mary-Margaret padecía una carditis de Lyme no diagnosticada. En otro hospital, los médicos ya le habían administrado distintos tratamientos, entre ellos, la implantación de un marcapasos. Pero dos años después esa carditis de Lyme se había transformado en una misteriosa arritmia que la dejaría fuera de juego y alejada de todo lo que amaba.
Fue una situación muy debilitante porque físicamente no podía hacer las cosas que quería hacer.
Durante años recorrió el país consultando hospitales en busca de respuestas. Pero sin un diagnóstico correcto ella no mejoraba, a pesar de la cantidad de medicamentos que le recetaban y las operaciones a las que se sometió. Entonces acudió a Montefiore Einstein.
“Era una mujer muy joven para haber sufrido diversos problemas cardíacos”.
Dr. Jorge Romero
“Inmediatamente, mi instinto me dijo que algo no estaba yendo bien. Era una mujer muy joven para haber sufrido diversos problemas cardíacos. Y aunque había consultado muchos hospitales de todo el país, sus síntomas seguían sin tener una causa clara. No tenía un diagnóstico exacto”.
Y haber descubierto la causa es lo que explica que siga estando aquí hoy. De no haberla descubierto, yo no estaría aquí.
El Dr. Romero, con la ayuda de sus colegas, el Dr. DiBiase y el Dr. Jorde, descubrió lo que otros hospitales habían pasado por alto: que la batalla de Mary-Margaret contra el Lyme se había transformado en sarcoidosis cardiaca, una enfermedad autoinmune del corazón. Con la confirmación de este diagnóstico, los médicos tuvieron finalmente una hoja de ruta para tratar su enfermedad. Realizaron exitosas ablaciones con catéter para sus arritmias ventriculares, así como la extracción del cable del marcapasos y la posterior implantación de un desfibrilador cardioversor implantable (DCI).
Hoy, gracias a la atención médica continuada que recibe en Montefiore Einstein, Mary-Margaret espera volver algún día a la pista de tenis con su hija, y llevar una vida productiva.
Ella siempre tiene la esperanza de que podré jugar con ella muy, muy pronto. Probablemente me gane (risas), y eso está muy bien.
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